La investigación científica actual apunta claramente hacia un
futuro en el que la telepresencia y la realidad virtual estarán
más integradas de lo que están hoy en día [2]. Esta integración
permitirá realizar acciones que tendrán lugar dentro de un entorno
virtual inmersivo a fin de interferir en una realidad física y
viceversa. Lo mismo puede decirse en relación con el uso de estas
tecnologías en el arte. Sin embargo, hoy todavía puede hacerse
una distinción objetiva entre ambos [3]. Así, en este ensayo me
referiré, a partir de ahora, a la palabra telepresencia en relación
con la telerrobótica, es decir, el control remoto de un robot
no autónomo en un espacio físico distante. Con realidad virtual
me refiero a la creación y la experiencia de mundos puramente
digitales.
La distinción entre telepresencia y realidad virtual todavía puede
aclararse más si se comparan los procesos de estas dos tecnologías.
La realidad virtual se apoya en el poder de la ilusión para dar
al observador la sensación de estar realmente en un mundo sintético.
La realidad virtual hace perceptivamente real lo que de hecho
sólo tiene una existencia virtual (es decir, digital). Por el
contrario, la telepresencia transporta a un individuo de un espacio
físico a otro, a menudo a través de una conexión de telecomunicaciones.
Las telecomunicaciones y la robótica pueden unir la transmisión
y la recepción de señales de control de movimiento con el feedback
audiovisual, táctil y de fuerza. La telepresencia virtualiza algo
que en realidad tiene una presencia física y tangible.
De hecho, desde este punto de vista casi podría parecer que las
tecnologías de realidad virtual y telepresencia son de naturaleza
opuesta. Sin embargo, mantengo que la expansión de estas dos tecnologías
indica que actualmente su dominio de la experiencia y la acción
humanas abarca el espacio electrónico y el espacio físico con
la misma intensidad. Los mundos digitales o sintéticos pueden
llegar a ser equivalentes a realidades tangibles, ya que tanto
la tecnología de la telepresencia como la de la realidad virtual
pueden proyectar acciones humanas más allá de su alcance inmediato
ordinario.
La serie de instalaciones Ornitorrinco es una colaboración en
continuo desarrollo entre el diseñador de hardware Ed Bennett
y yo mismo. Esta colaboración, centrada en un proyecto artístico
de telepresencia a largo plazo y sujeto a constantes cambios,
comenzó en 19894 a partir de
concepciones y bocetos iniciales que yo había realizado en los
dos años anteriores. Mediante Ornitorrinco, me propongo unir tres
áreas de investigación estética que hasta ahora han sido exploradas
como ámbitos artísticos separados: la robótica [5], las telecomunicaciones
[6] y la interactividad [7]. Comentaré algunas de las consecuencias
conceptuales de Ornitorrinco in Eden, nuestra instalación de telepresencia
en red, y a continuación comentaré también mi instalación de telepresencia
Rara Avis.
Interacción, telepresencia y vida en la red
La introducción de la tecnología televirtual en la sociedad en
general está reordenando nuestro campo de acción e interacción
en todas las esferas públicas. Actualmente, como en el pasado,
las nuevas tecnologías de la información redefinen la experiencia
humana. Ocurrió con la imprenta mecánica, la fotografía, la telegrafía,
el teléfono, el fonógrafo, el cine, la radio, la televisión, el
ordenador personal, y con Internet. Nuevas tecnologías de la información
generan nuevas situaciones y también nuevas formas de entender
entornos ya familiares. Tienen el poder de modificar el ámbito
social mediante la introducción de nuevas formas de intercambio
y negociación de significado. Hoy, nuestros sistemas de intercambio
simbólico están empezando a incorporar nuevos elementos multimedia,
introducidos por la fusión entre las telecomunicaciones, la computación
a tiempo real y las redes a escala mundial. Está claro que las
llamadas de teléfono y los mensajes de correo electrónico nunca
serán lo mismo cuando el vídeo de movimiento completo (30 imágenes
por segundo) conquiste las líneas digitales de banda ancha. Las
conversaciones pasarán a ser multimedia, y las experiencias de
telepresencia (incorporando feedback táctil, por ejemplo) se convertirán
en algo cotidiano. La tecnología seguirá viajando hacia el cuerpo,
reconfigurándolo, expandiéndolo y transportándolo a lugares remotos
[8].
A finales del siglo XX, las nuevas formas artísticas usan la tecnología
para sugerir un nuevo concepto del potencial humano, que expande
más allá de las barreras espacio-temporales el alcance de la presencia
humana en tiempo real. A través de presentaciones, sistemas e
instalaciones efímeras, este nuevo arte opera en los ámbitos del
paisaje mediático y la vida en la red [9], de las interfaces entre
el cuerpo humano y los ordenadores, y de otros dispositivos electrónicos.
La presencia dominante del objeto en las artes visuales [10] deja
espacio para la experiencia inmaterial de la telepresencia [11].
Si hace unas décadas hablábamos del proceso de desmaterialización
del objeto artístico [12], ha llegado el momento de reconocer
que el arte inmaterial ya se está practicando en el presente.
Los artistas que trabajan actualmente con las herramientas de
su tiempo combinan tecnologías de lo visible y lo invisible, configurando
entornos sintéticos y telepresenciales en los que las fronteras
físicas desaparecen, en parte, en favor de la navegación virtual
a distancia. Está emergiendo una nueva estética como resultado
de la sinergia de nuevos elementos no formales, como la coexistencia
en espacios reales y virtuales, la navegación telerrobótica, la
sincronía de acciones, el control remoto a tiempo real, el control
compartido de telerrobots y la colaboración a través de las redes.
La instalación de telepresencia Ornitorrinco in Eden integró todos
estos elementos simultáneamente.
Ornitorrinco in Eden
Ornitorrinco es el nombre de una serie de instalaciones de telepresencia
en continuo desarrollo, y también del telerrobot utilizado para
llevarlas a cabo. Al principio se escogió esta palabra como nombre
para el telerrobot debido a la naturaleza única del animal al
que designa, que es popularmente considerado un híbrido de ave
y mamífero. El objetivo era plantear el parentesco entre lo orgánico
(animal) y lo inorgánico (telerrobot).
Las presentaciones de Ornitorrinco siempre han requerido como
mínimo dos emplazamientos geográficamente remotos entre sí. Un
o más espectadores (participantes) navegan a través de una instalación
en un lugar remoto, utilizando para ello el teclado telefónico.
Al ir presionando las teclas, se recibe un feedback visual en
forma de imágenes fijas o en movimiento en el monitor de un ordenador
o en una pantalla de vídeo. Cada nueva instalación se construye
siempre a escala del telerrobot, y no a escala humana.
La instalación de telepresencia en red Ornitorrinco in Eden se
experimentó públicamente a través de Internet el 23 de octubre
de 1994, durante aproximadamente cinco horas (después de más de
un año de experimentos privados). Esta obra sirvió de puente entre
el espacio-sin-espacio de Internet y espacios físicos en Seattle,
Washington; Chicago, Illinois; y Lexington, Kentucky. La obra
consistía en tres nexos de participación activa y múltiples nexos
de observación en todo el mundo. Espectadores anónimos de varias
ciudades americanas y de muchos países (incluyendo Finlandia,
Canadá, Alemania e Irlanda), que recibieron información sobre
el acontecimiento mediante un administrador de listas de correo
(LISTSERV) y el boca a boca, se conectaron y pudieron navegar
por la instalación remota en Chicago desde el punto de vista del
Ornitorrinco (que era guiado por participantes anónimos en Lexington
y Seattle).
El telerrobot Ornitorrinco, móvil e inalámbrico, que se encontraba
en Chicago, fue controlado en tiempo real por participantes que
estaban en Lexington y Seattle. Los participantes a distancia
compartieron el cuerpo del Ornitorrinco simultáneamente. Mediante
Internet, vieron la instalación remota a través del ojo del Ornitorrinco.
Los participantes controlaron al telerrobot simultáneamente a
través de una conexión telefónica normal (conferencia telefónica
a tres) en tiempo real.
El espacio de la instalación estaba dividido en tres sectores
conectados entre sí. El tema visual predominante era la obsolescencia
de los medios que habían sido considerados, anteriormente, innovadores,
y la presencia de esos medios en nuestro paisaje tecnológico.
Se usaron discos en desuso, cintas magnéticas, tarjetas de circuito
y otros elementos, sobre todo por su forma, su textura y su escala
externas, más que por su función. Estos objetos actuaban como
comentario directo sobre el entorno "desechable" en el que vivimos,
hecho de productos que se quedan obsoletos antes de que los usuarios
comprendan y controlen su funcionalidad. Se usaron también luces
teatrales para realzar la experiencia visual y para controlar
la proyección de sombras en áreas concretas de la instalación.
Se colocaron pequeños objetos en puntos estratégicos del espacio,
incluyendo globos de plástico que el telerrobot literalmente empujaba
de un lado a otro, un objeto circular autopropulsado que colgaba
del techo y se movía de forma impredecible, un pequeño robot inmóvil
de ojos brillantes que, al ser examinado desde más cerca, resultaba
ser un abanico giratorio, y un espejo que permitía que los participantes
se viesen a sí mismos como el telerrobot Ornitorrinco. Este tipo
de objetos proporcionaba al espectador inesperados encuentros
a lo largo del recorrido de su exploración del espacio, y ayudaba
a conseguir la atmósfera sugerida por este paraíso de obsolescencia.
Uno de los temas más importantes que esta pieza aborda es la necesidad
cultural de un sentido más directo de espacio compartido y presencia
mutua en entornos remotos alcanzados a través de redes, sean éstos
virtuales o no. Como Geert Lovink señaló en nuestro panel en Ars
Electronica en 1995, actualmente, cuando cientos de personas se
conectan a páginas Web, por ejemplo, no son conscientes en absoluto
de la presencia de los otros en el mismo servidor [13]. Como resultado,
las tecnologías que se lanzan al mercado como promotoras de interacción
social siguen siendo desarrolladas y practicadas como tecnologías
de diseminación de información, como continuadoras del mismo aislamiento
social que caracteriza a la televisión. La conciencia mutua de
los participantes compartiendo el cuerpo del Ornitorrinco revela
ya la significación social (y política) de tal experiencia. Incapaces
de controlar el cuerpo únicamente en sus propios términos, los
participantes tienen que cooperar para que pueda procederse a
la navegación.
Telepresencia: las telecomunicaciones como espacio para la acción
En el nuevo contexto interactivo y participativo generado por
esta instalación de telepresencia a través de Internet, tuvieron
lugar encuentros comunicativos, no a través del intercambio oral
o verbal, sino a través de los ritmos resultantes de la implicación
de los participantes en una experiencia compartida mediatizada.
Los espectadores y los participantes fueron invitados a experimentar
juntos, en el mismo cuerpo, un espacio remoto inventado desde
una perspectiva diferente a la suya propia, suprimiendo temporalmente
las bases de la identidad, el emplazamiento geográfico y la presencia
física. Dado que la pieza se experimentó a través de Internet,
cualquiera en el mundo que tuviese acceso a Internet podría verla,
disolviendo las paredes de la galería y haciendo la obra accesible
a audiencias mucho mayores. Con Ornitorrinco hicimos que el espacio
electrónico dejase de ser un medio de representación para convertirse
en un medio de actuación.
Al combinar la telerrobótica, la participación a distancia, los
espacios geográficamente dispersos y el sistema telefónico tradicional,
que incluye también la telefonía móvil, así como el control de
movimiento en tiempo real y las videoconferencias a través de
Internet, esta instalación de telepresencia en la red produjo
una nueva forma de arte interactivo: una forma de arte que no
se adapta a las estructuras unidireccionales que forman el paisaje
de los medios. En el siglo que viene, el discurso monológico (uno-a-muchos)
de los mass media renovará su sistema y su alcance a través de
aparatos pseudo-interactivos, tratando de absorver y domesticar
el sistema multilógico (muchos-a-muchos) practicado genuinamente
en Internet. También está claro que cada vez más gente vivirá,
interactuará y trabajará entre los mundos de dentro y fuera del
ordenador. La expansión de las comunicaciones y la tecnología
de la telepresencia darán lugar a la aparición de nuevas formas
de interfaz entre los humanos, las plantas, los animales y los
robots [14]. El proyecto Ornitorrinco ha seguido esta estrategia,
insistiendo, al mismo tiempo, en socavar las tendencias actuales
hacia la estabilización de estándars y otras prácticas regulatorias.
La estética de la hibridación explorada por el Ornitorrinco ofrece
alternativas a la configuración hegemónica del paisaje mediático.
Con los nuevos satélites de órbita baja, los ordenadores que se
pueden llevar puestos y las antenas parabólicas portátiles, los
dispositivos retinales virtuales, los teléfonos de muñeca, el
vídeo holográfico y toda una plétora de nuevas invenciones tecnológicas,
continuarán proliferando los nuevos medios, pero ello no puede
considerarse de ningún modo como una garantía de un salto cualitativo
en las comunicaciones interpersonales. Ornitorrinco in Eden crea
un contexto en el que unos participantes anónimos perciben que
únicamente a través de su experiencia compartida y su colaboración
no jerárquica se construye una nueva realidad, poco a poco, o
casi frame by frame. En esta nueva realidad, las distancias espacio-temporales
pasan a ser irrelevantes, los espacios virtuales y reales se convierten
en equivalentes, y las barreras lingüísticas pueden borrarse temporalmente
en favor de una experiencia común potestativa.
Rara Avis
En la búsqueda de nuevas posibilidades estéticas, dos de las estrategias
que yo he utilizado son la hibridación de tecnologías y la exploración
de aspectos ocultos del nuevo paisaje mediático. En este sentido,
utilizo los medios de telecomunicación para romper con su lógica
unidireccional y para crear, en el ámbito de lo real, una nueva
clase de experiencia que dé preferencia a las formas democráticas
y dialógicas.
Rara Avis, una instalación interactiva de telepresencia en red
que tiene sutiles elementos autobiográficos, fue creada para la
exposición Out of Bounds. New Work by Eight Southeast Artists.
Esta exposición tuvo lugar entre el 28 de junio y el 24 de agosto
de 1996, en el Nexus Contemporary Art Center, en Atlanta (Georgia),
como parte del Olympic Art Festival [15]. En Rara Avis, de la
que Ed Bennett fue el director técnico, el participante veía una
enorme pajarera nada más entrar en la sala. Delante de esta pajarera,
el participante veía un casco de realidad virtual. Dentro de la
pajarera, el espectador notaba que había un gran contraste entre
los treinta pájaros voladores (pinzones, que eran muy pequeños
y casi completamente grises) y la gran arara tropical, que estaba
posada, inmóvil, en una rama. Esta arara, como cualquier otra,
tiene una larga cola en forma de sable, un pico curvado y poderoso,
y un brillante plumaje. Al observar el comportamiento de los pájaros,
el espectador advertía que la arara el pájaro más imponente de
la pajarera parecía no moverse. Sólo movía la cabeza. Este pájaro
tropical era, en realidad, un telerrobot. Dado que la arara tenía
los ojos en la parte frontal de la cabeza, como una lechuza, al
telerrobot se le llamó Macowl*.
El espectador era invitado a ponerse el casco. Mientras lo tenía
puesto, el espectador era transportado al interior de la pajarera.
Entonces podía percibir la pajarera desde la perspectiva del Macowl
y era capaz de observarse a sí mismo en esta situación desde el
punto de vista de la arara. Los ojos del pájaro tropical son dos
cámaras CCD (Charge-Coupled Device). Cuando el espectador, como
participante, movía su cabeza de izquierda a derecha, la cabeza
del Macowl telerrobótico se movía también, haciendo que el participante
pudiese ver toda la pajarera desde el punto de vista del Macowl.
El espacio real se transformaba inmediatamente en espacio virtual.
La instalación estaba permanentemente conectada a Internet. A
través de la red, participantes remotos ob-servaban el espacio
de la galería desde el punto de vista del Macowl telerrobótico.
A través de Internet, los participantes a distancia también podían
usar sus micró-fonos para poner en marcha el aparato vocal de
la arara telerrobótica, que se oía en la galería. El cuerpo del
Macowl telerrobótico era compartido en tiempo real por participantes
locales y participantes de todo el mundo, a través de Internet.
Los sonidos en el espacio, normalmente una combinación de voces
humanas y de pájaros, llegaban a los participantes a distancia
a través de Internet.
Al permitir al participante local estar indirectamente dentro
y físicamente fuera de la pajarera, esta instalación creó una
metáfora que revelaba cómo la nueva tecnología de la comunicación
permite romper las fronteras al mismo tiempo que las reafirma.
La instalación también tocaba temas de identidad y alteridad,
proyectando al espectador dentro del cuerpo de un pájaro raro
que no sólo era el único de su clase en la pajarera, sino que
además era claramente diferente de los otros pájaros (en tamaño,
color y comportamiento). La obra puede verse como una crítica
de la problemática del exotismo, un concepto que revela más sobre
la relatividad de los contextos y la limitación del conocimiento
del observador que sobre el status cultural del objeto de la observación.
Esta imagen de "el diferente", "el otro", encarnada por el Macowl
telerrobótico, era dramatizada por el hecho de que el participante
adoptaba temporalmente el punto de vista del pájaro raro. A pesar
de su gran belleza, la arara telerrobótica no podía volar. Una
nueva metáfora emergía en este contexto: los espectadores podrían
haber decidido, una vez que estaban de vuelta en sus propios cuerpos
fuera de la pajarera que volar, al fin y al cabo, no es una gran
ventaja, si todos los pájaros, grandes o pequeños, extraños o
cotidianos, tienen que estar encerrados todos juntos y no pueden
ir a ninguna parte.
Esta obra creó un sistema auto-organizado de dependencia mutua,
en el que los participantes locales, los animales, un telerrobot
y participantes a distancia interactuaban sin dirección, control
o intervención externa directos. Dado que la pieza combinaba entidades
físicas y no físicas, fundía fenómenos perceptivos inmediatos
con una intensa conciencia de lo que nos afecta pero está visualmente
ausente, físicamente lejano. La ecología local de la pajarera
fue afectada por la ecología de Internet y viceversa.
Con la expresión "ecología de Internet", intento aclarar que Internet
es un recurso compartido, y que su comportamiento global cambia
dramáticamente en función de muchos factores impredecibles e incontrolables,
incluyendo la densidad de los nexos en una región geográfica particular,
el ancho y la asignación de bandas disponibles, la naturaleza
de la conexión, las velocidades del módem y la conexión directa,
la capacidad del procesador de los ordenadores personales individuales
y de los servidores, la elección del software de conexión y el
tráfico de usuarios a una hora concreta. En este sentido, es importante
recalcar que la red no es como una transmisión televisiva. Estar
en Internet no es parecido a transmitir un programa por el espacio
(a pesar de las emergentes demostraciones y destrezas tecnológicas,
como bajar las páginas Web vía satélite y la transmisión de televisión
a través de la red). Una red es un complejo sistema en el que
las acciones propias afectan directamente a todos los demás (sea
uno consciente o no de ello), y no me refiero sólo a una posición
exclusiva de contenido; en determinadas circunstancias, por ejemplo,
si un participante tiene un módem lento podría hacer que una vídeoconferencia
se quedase atascada.
Si bien muchos miembros del público en general esperan que Internet
funcione con la estabilidad y la eficiencia de la industria de
la radiodifusión, y a menudo se quedan decepcionados cuando descubren
que ése no es el caso, es precisamente el status actual de la
red como espacio global abierto y no regulado lo que a mí me parece
más fascinante desde un punto de vista cultural, filosófico y
político. A diferencia del espacio de la radiodifusión, que está
controlado por unos pocos que poseen el derecho a transmitir y
decidir lo que el resto de las personas ven y oyen, Internet,
hoy en día, define una nueva clase de espacio telemático que no
ha sido codificado en los libros de historia del arte. Este espacio
puede acoger representaciones pictóricas (como cuando se muestra
una imagen), pero este nuevo espacio no es, en sí mismo, el proveedor
de un único estilo pictórico (como en el espacio representacional
del cubismo, por ejemplo). Este nuevo espacio digital mundial,
que está en camino de incorporar el tiempo real a medida que las
redes digitales de banda ancha van estando disponibles, reclama
una transformación profunda del modo en que nos aproximamos a
las actividades humanas, especialmente al arte, ya que los signos
verbales, visuales y acústicos forman el núcleo de la red. El
arte de la telepresencia deja claro que el arte de la acción a
distancia debe incorporarse al repertorio de elementos explorados
por los artistas a través de las redes (digitales, analógicas,
o un híbrido de ambos tipos). Por mucho que estos nuevos elementos
estéticos expandan el horizonte multimedia del arte contemporáneo,
no debemos lanzarnos a los extremos tecnofílicos o tecnofóbicos.
Ambas posiciones son peligrosas, porque no consiguen dirigirse
a las consecuencias sociales más profundas y complejas de las
nuevas tecnologías, en la medida en que las aceptan ciegamente
o rehúsan, atemorizadas, asumir su impacto en nuestras vidas.
En Rara Avis, estas implicaciones sociales también constituyen
un aspecto crucial. La topología de Rara Avis se diseñó cuidadosamente
para exponer la brecha social que el desarrollo tecnológico implica.
Cuando las señales de vídeo, desde el punto de vista del Macowl
(tal como lo veía el participante local) pasaban del espacio en
Atlanta a Internet, un ojo estaba digitalizado en escala de grises
(con el software de videoconferencia gratuito CU-SeeMe), mientras
que el otro estaba digitalizado en color (con el producto comercial
Enhanced CU-SeeMe). Cualquiera que tuviese acceso a Internet podía
bajar el software gratuito y participar en la parte interactiva
de la obra, pero la participación completa en color sólo era accesible
a aquéllos que ya habían comprado la versión comercial del software.
Las imágenes grises eran enviadas a la página Web Rara Avis inmediata
y automáticamente, y allí pasaban a ser todavía más accesibles,
ya que en la actualidad hay más gente que tenga acceso a la Web
(y que se sienta cómoda con ello) que gente que tenga acceso a
videoconferencias a través de Internet [16]. Las señales de imágenes
en color volvieron a ser enviadas al MBone (Multicast Backbone),
la zona de multidifusión de la red, a la que por ahora sólo puede
acceder un grupo mucho más pequeño de personas. Los que no tenían
acceso a medios más potentes vieron el espacio en Atlanta en escala
de grises, a velocidades que dependían del software, el hardware
y la conectividad de la que disponían. Los que tenían acceso a
tecnología más avanzada pudieron experimentar el espacio de forma
diferente, en color y a velocidades de recepción de imagen que
reflejaban la capacidad del procesador y el ancho de banda que
tenían a su disposición [17]. En su dispersión geográfica, Rara
Avis nunca era de modo intencionado exactamente lo mismo para
los participantes a distancia y los locales.
La combinación de la ecología local con la ciberesfera fue percibida
de diversas formas por los espectadores y los participantes en
todo el mundo, según el tipo de acceso que tuviesen. Esto sugería
claramente que el paisaje mediático el entorno altamente tecnológico
en el que vivimos modula y define nuestra percepción de la realidad.
Lo que nos hace darnos cuenta de las desigualdades causadas por
la tecnología, y lo que es todavía más importante de que la
realidad es negociación, y nunca es la misma para todo el mundo.
NOTAS
1 R. Harley (ed.), Cultural Diversity in the Global Village: Proceeding
of the Third International Symposium on Electronic Art. Sydney,
ANAT, 1992; K. O'Rourke (ed.), The Art Factor: Proceeding of the
Fourth International Symposium on Electronic Art. Minneapolis,
MCAD, 1993; R. Kriesche (ed.), Teleskulptur3. Graz (Austria),
Kulturdata, 1993; L. Poissant (ed.), Esthétiques des Arts Médiatiques
(en francés). Quebec, Presses de l'Université du Québec, 1995;
C. Gigliotti, Aesthetics of a Virtual World: Ethical Issues in
Interactive Technological Design. Ann Arbor (MI), UMI Dissertation
Services, 1995; S. Penny (ed.), Critical Issues in Electronic
Media. Albany, State University of New York, 1995; M. Lovejoy,
Postmodern Currents; Art and Artists in the Age of Electronic
Media. New Jersey, Prentice-Hall, 1996.
2 S. Fisher, "Virtual Environments, Personal Simulation & Telepresence",
en S. Helsel y J. Roth (eds.), Virtual Reality: Theory, Practice
and Promise. Westport, CT, Meckler, 1991, pp. 101-110; M. Finch
et. al., "Surface Modification Tools in a Virtual Environment
Interface to a Scanning Probe Microscope". Proceedings of the
ACM Symposium on Interactive 3D Graphics, Nueva York, ACM, 1995,
pp. 13-18.
3 T. Sheridan, "Defining Our Terms", Presence 1, nº 2, 272-274
(1992).
4 E. Kac, "Ornitorrinco Río/Chicago: Experiência 1", 34 Letras,
nº 7, 80-81 (1990); E. Kac, "Ornitorrinco: Exploring Telepresence
and Remote Sensing", Leonardo 24, nº 2, 233 (1991). Véase también
S. Osthoff, "Object Lessons", World Art nº 1, 18-23 (1996). En
la Web, véase <http://www.uky.edu/FineArts/Art/kachome.html>.
E. Kac y E. Bennett desean expresar su agradecimiento a Steve
Waldeck, Joan Truckenbrod y Michael Rodemer, que han prestado
su constante apoyo al proyecto Ornitorrinco desde el principio.
5 J. Burnham, "Robot and Cyborg Art". Beyond Modern Sculpture,
Nueva York, Braziller, 1968, pp. 312-376; J. Reichardt, "Towards
the Machine as a Person and Vice Versa on Robots in Art", in Robots;
Fact, Fiction, and Prediction. Middlesex, Penguin, 1978, pp. 48-61;
A. Jan, "Survival Research Laboratories", High Performance 8,
nº 2, 1985, 32-35.
6 F. Forest, "Communication Esthetics, Interactive Participation
and Artistic Systems of Communication and Expression", in M. Diani
(ed.), Designing the Immaterial Society, Design Issues IV, nº
1 y 2, 97-115 (1988); R. Ascot y C. Loeffler (eds.), "Connectivity:
Art and Interactive Telecommunications", Special Issue, Leonardo
24, nº 2 (1991); B. Breland (ed.), Navigating the Telematic Sea,
Special Issue, New Observations nº 76 (1990); E. Kac, "Aspects
of the Aesthetics of Telecommunications", in J. Grimes y G. Lorig
(eds.), SIGGRAPH Visual Proceedings. Nueva York, ACM, 1992, pp.
47-57.
7 R. Cornwell, "Interactive Art: Touching the 'Body in the Mind'",
Discourse 2, nº 14, 203-221 (1992); A. B. Morgan, "Interactivity
in the Electronic Age", Sculpture 10 nº 3, 36-43 (1991); A. S.
Wooster, "Reach Out and Touch Somenone: The Romance of Interactivity",
in D. Hall y S. Fifer (eds.), Illuminating Video. Nueva York,
Aperture, 1991, pp. 275-303.
8 Stelarc, "Prosthetics, Robotics and Remote Existence: Postevo-lutionary
Strategies", Leonardo 24, nº 5, 591-595 (1991).
9 En mi instalación telemática interactiva Teleporting an Unknown
State (1994-96), se hizo realidad el concepto de vida en la red,
o vida que depende de las actividades realizadas a través de la
red para su supervivencia. Una única semilla fue plantada en un
lecho de tierra el 22 de julio de 1996. Participantes de todo
el mundo a través de Internet fueron invitados a apuntar sus cámaras
al cielo y transmitir fotones al espacio de la instalación. La
luz del cielo de muchos países de todo el mundo se unió en el
espacio para colaborar en el crecimiento y el desarrollo de una
simple forma de vida. Evocando el cielo, una lente circular rompía
la oscuridad y proyectaba sobre el terreno fértil la luz transmitida
en directo vía Internet. La fotosíntesis dependía de la acción
colectiva a distancia llevada a cabo por participantes anónimos.
La acción en colaboración y la responsabilidad a través de la
red eran esenciales para la supervivencia de este organismo. El
nacimiento (la germinación), el crecimiento y la muerte en Internet
formaban un horizonte de posibilidades que se desplegaban a medida
que los participantes contribuían de un modo dinámico a esta obra.
La pieza fue expuesta en The Bridge, en el 1996 SIGGRAPH Art Show
en el Contemporary Arts Center en Nueva Orleans, desde el 22 de
julio al 9 de agosto de 1996. Véase C. Gigliotti (ed.), SIGGRAPH
'96 Visual Proceedings. Nueva York, ACM, 1996. En la Web, véase
<http://www.ekac.org/teleporting.html>
10 M. Fried, "Art and Objecthood", Artforum 5, nº 10, 21 (1967);
F. Colpitt, Minimal Art; The Critical Perspective. Seattle, University
of Washington, 1990, pp. 67-73.
11 E. Kac, "Towards Telepresence Art", Interface 4, nº 2, 2-4
(1992); E. Kac, "Telepresence Art", in R. Kriesche (ed.), Teleskulptur3.
Graz (Austria, Kulturdata, 1993), pp. 48-72. Véase también E.
Kac, "The Internet and the Future of Art: Immate-riality, Telematics,
Videoconferencing, Hypermedia, Networking, VRMI, Interactiviy,
Visual Telephony, Artist's Software, Telerobotics, MBone, and
Beyond" (en alemán), in S. Muenker y A. Roesler (eds.), Mythos
Internet. Francfort, Suhrkamp Verlag, 1997, pp. 291-318
12 L. Lippard (ed.), Six Years: The Dematerialization of the Art
Object From 1966 to 1972. Nueva York, Praeger, 1972.
13 Véase K. Gerbel y P. Weibel, Mythos Information: Welcome to
the Wired World. Nueva York, Springer Verlag, 1995.
14 R. Weiss, "New Dancer in the Hive", Science News 136, nº 18,
282-283 (1989); P. Fromherz y A. Stett, "A Silicon-Neuron Junction:
Capacitive Stimulation of an Individual Neuron on a Silicon Chip",
Physical Review Letter 75, nº 8, 1670-1673 (1995).
15 La exposición Out of Bounds: New Work by Eight Southeast Artists
fue comisariada por Annette Carlozzi y Julia Fenton. Créditos
de Rara Avis: Eduardo Kac, diseño del concepto y dirección; Ed
Bennett, dirección técnica; Bob Connell, diseño de exposición;
Joe Peragine, diseño del espacio; Charles Bynaker, programación
de los sistemas en red; Michelle Lindsay, coordinación y asistencia
de investigación. El autor desea expresar su agradecimiento a
Simone Osthoff, Rodrigo Toledo, Nelson Pataro, Steve Waldeck y
Jane Peters por el apoyo prestado a Rara Avis. Patrocinadores
de Rara Avis: Apple Computer, Inc.; VictorMaxx Technologies, Inc.;
Home Depot; University of Kentucky; Atlanta Commitee for the Olympic
Games. Véase K. Maschke (ed.), Out of Bounds, New Work by Eight
Southeast Artists. Atlanta, Nexus Contemporary Art Center, 1996.
En la Web, véase <http://www.ekac.org/raraavis.html>
16 Esto, por supuesto, tendrá que cambiar muy pronto, ya que las
videoconferencias en la Web han sido desarrolladas en su estado
preliminar.
17 La expresión de desigualdad social y tecnológica planteada
mediante el acceso mayor o menor a una calidad de color y una
velocidad de recepción de imagen fue sugerida por el escritor
de ciencia ficción Neal Stephenson, en su novela Snow Crash. Nueva
York, Bantam, 1993. En la página 41, por ejemplo, describe "los
avatares de los hombres de negocios nipones exquisitamente representados
en color por sus caprichosos equipos" y "gente en blanco y negro;
personas que están accediendo al Metaverso a través de terminales
públicas baratas, y que son representados en un granuloso y espasmódico
blanco y negro."
* N. de la T.: Macowl, nombre creado a partir de las palabras
inglesas macaw, arara, y owl, lechuza.